La mítica Montaña de Sorte. Un santuario de selva nublada donde la fuerza de la naturaleza y el sincretismo espiritual se funden en el corazón de Yaracuy.
Decretado el 18 de marzo de 1960, el Monumento Natural Cerro María Lionza protege un macizo montañoso de casi 40.000 hectáreas en el macizo de Nirgua, estado Yaracuy. Este espacio resguarda las cuencas altas del río Yaracuy y una espesa selva nublada inexplorada. Sin embargo, su fama mundial proviene de ser el epicentro del culto a María Lionza, un mito que integra las raíces indígenas, africanas y europeas de Venezuela, atrayendo a miles de peregrinos en busca de sanación y paz.
El macizo montañoso envuelto en neblina es visto como un templo natural inmenso. Aquí, la figura de María Lionza no es solo un mito, es entendida como la encarnación misma de la naturaleza, protectora de los ríos, los árboles y los animales salvajes.
Bajo la capa de espiritualidad, la montaña cumple un rol ecológico crítico. Sus selvas nubladas son las responsables de captar el agua que alimenta al Río Yaracuy y sus afluentes, garantizando el suministro hídrico de todo el estado y sus tierras agrícolas.
Los sectores bajos de la montaña (Quibayo, Sorte y El Loro) son zonas de acampada permitidas. Aquí, el aroma a incienso y tabaco inunda el aire, y los altares llenos de flores, frutas y luces de velas marcan los senderos del bosque.
Lejos de las áreas de peregrinación, en lo alto y profundo de la montaña virgen, habitan las especies que originaron el mito. Jaguares, pumas, venados y, por supuesto, la imponente Danta que sirve de montura a la Diosa.